Visité los Palacios Nazaríes de la Alhambra el verano pasado. Después de quedarme despierta hasta tarde para conseguir una entrada temprana, me desperté antes del amanecer para subir a la entrada de la finca. Como alcanzar a Alá, se sintió sagrado. De niña, quería ser mosaicista, dando forma a cuadrados de vidrio en formas fluidas. Reavivé esa maravilla reconstruyendo estos patrones. Siglos de geometría desenredándose, puedo sentir su devoción.